Mostrando entradas con la etiqueta leyendas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta leyendas. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de abril de 2017

La leyenda de la Perla del Dragón

Hace ya muchos años, vivió en la isla de Borneo un dragón que habitaba en lo alto el monte Kinabalu. Este dragón era pacífico, solitario y no perturbaba a nadie de la isla.

Tenía por costumbre cada mañana, ponerse a jugar con una brillante canica que todos codiciaban, pues claro, era una perla. El dragón la lanzaba al aire y se divertía recogiéndola con la boca.

Muchos habían intentado robarle su tesoro pero como todo dragón receloso de sus posesiones, la guardaba con mucho cuidado.
 
El Emperador de China en su afán por conseguir aquella piedra preciosa, llamó a su hijo y le dijo que esa perla debía formar parte del tesoro imperial.

Así es que el Príncipe se armó de un ejército con los mejores hombres y luego de semanas de viaje y travesías, llegó a las costas de Borneo.

Pasó un tiempo antes de que al joven príncipe se le ocurriese un plan para robar la perla al dragón.

Llamó a sus hombres y les dijo que necesitaría una linterna redonda de papel y una cometa tan resistente que pudiese soportar su peso en el aire.

Así es que sus hombres se pusieron a trabajar primero en la linterna, y luego de una semana lograron terminar una hermosa cometa capaz de resistir el peso de un hombre.

Al anochecer, cuando el suave viento comenzaba su recorrido de rutina por la isla, el príncipe se montó en la cometa y se elevó por los aires. Al ser tan oscura la noche el príncipe volaba sin temor a ser visto, y bajó en lo alto del monte, deslizándose luego dentro de la cueva. Sigilosamente se acercó al dragón que yacía dormido y con mucho cuidado quitó de sus garras la perla y en su lugar colocó la linterna. Volvió a montarse en su cometa y a surcar el cielo emitiendo una señal de luz, por lo que sus hombres comenzaron a recoger la cuerda del cometa hasta que su líder pisó tierra firme.

Emprendieron el regreso a sus tierras en barco aprovechando esa misma noche que el viento estaba a su favor.

Cuando el sol anunciaba un nuevo día, el dragón se despertó y buscó su perla para jugar, como todas las mañanas. Entonces descubrió que le habían robado su piedra y comenzó a lanzar llamas de ira; se lanzó monte abajo para perseguir a los ladrones, pero no encontró señales de ellos en la isla.


Fue entonces que divisó un junco chino que navegaba rumbo a alta mar.

El dragón se tiró al agua y nadó velozmente hacia el barco conforme reclamaba a gritos que le devolviesen su pertenencia.

Los marineros estaban muy asustados, pero su líder se mantenía firme y confiado. Ordenó que preparasen los cañones y que hicieran fuego.

El dragón oyó el estampido del disparo y vio una nube de humo salir del barco: una bala de cañón se aproximaba a él. Era tan redonda y brillaba a la luz del sol igual que su tesoro.

El dragón pensó que le estaban devolviendo la perla por lo que abrió la boca y se tragó la bala. Era tanto el peso de ésta que la bestia se hundió en el mar y nunca volvió a aparecer.

Desde aquel día, la perla del dragón fue la joya más preciada del tesoro imperial de China


lunes, 18 de noviembre de 2013

La iglesia de las 40.000 calaveras. Osario de Sedlec


La historia se remonta al año 1.142 cuando un noble, en mitad de un viaje desde Praga a Moravia, se detuvo a descansar en las inmediaciones de un bosque. Tal era su cansancio que quedó profundamente dormido y en sus sueños se le apareció un pájaro que se metió en su boca y le dió la idea de fundar un monasterio en ese lugar. Así el noble se puso en contacto con los monjes de la orden cistercense de Waldassen, en Bavaria.
En 1278, el abad del monasterio, Jindrich, fue enviado a Tierra Santa de donde se trajo tierra del Gólgota para dispersar por el cementerio. A raiz de esto se consideró aquel lugar santo y que quien descansará después de muerto en sus tierras, alcanzaría el cielo.
La peste negra de principios del siglo XIV provocó la muerte de más de 30.000 personas y hacia el siglo XV unos 500 monjes murieron en el interior del monasterio debido a las guerras husitas. De este modo, aumentaron considerablemente la cifra de entierros en el lugar. Llegó un momento en que el campo santo no permitió el entierro de nadie más al haber tal cantidad de cadáveres.
Fue entonces cuando empezaron a usarse los huesos de los allí enterrados para decorar la iglesia.




En 1870, František Rint, un tallista de madera, fue contratado por la familia Schwarzenberg para poner los montones de huesos en orden. Los macabros resultados de su trabajo hablan por sí solos. Una enorme lámpara de araña, que contiene al menos una unidad de cada hueso que forma el cuerpo humano, cuelga del centro del nave junto a las guirnaldas de cráneos que cubren las bóvedas

viernes, 1 de abril de 2011

Leyenda china. La honestidad

 
Se  cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un  príncipe de la  región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la  ley, él debía casarse.

Sabiendo  esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver  quién sería digna de su propuesta.

Al  día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración
especial a  todas las pretendientes y lanzaría un desafío. Una anciana que
servía en el  palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al  llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que
ella quería ir a la celebración.  Sin poder creerlo le  preguntó:  "¿Hija  mía,
que vas a hacer allá?  Todas las muchachas más bellas y  ricas de la  corte
estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza.  Sé que debes estar
sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura".

Y  la hija respondió:  "No,  querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás  seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos  cerca del príncipe. Esto me hará  feliz".

Por  la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más  bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:  "Daré  a cada una de
ustedes una semilla. Deben cultivarla con amor y hacerla crecer. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China".

La  propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones,  etc.

El  tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la  jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que  si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el  resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó.  La joven intentó todos los  métodos que
conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su  sueño, pero su amor era más profundo.

Por  fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Conciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para  estar cerca del príncipe por unos momentos.

En  la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío.  Todas las otras
pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más
variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente,  llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su  resultado.

Aquella  bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los
presentes  tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había  escogido justamente a aquella que no había cultivado  nada.

Entonces,  con calma el príncipe explicó:  "Esta  fue la única que cultivó la
flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz:  la flor de la honestidad.
Todas las semillas que entregué eran estériles".


miércoles, 20 de octubre de 2010

Los gatos de Ulthar



Se dice que en Ulthar es un pueblo situado más allá del río Skai, nadie puede matar un solo gato; cosa que creo firmemente cuando contemplo el que tengo ronroneando ante el fuego. Pues el gato es enigmático, y está familiarizado con las cosas extrañas que los hombres no pueden ver. Es el alma del antiguo Egipto, y depositario de las leyendas de las ciudades olvidadas de Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la vieja y siniestra África. La Esfinge es su prima, y recuerda lo que ella ha olvidado.


En Ulthar, antes de que sus diputados prohibiesen matar gatos, vivían un viejo campesino y su esposa que disfrutaban poniendo trampas a los gatos del vecindario para matarlos. No sé por qué lo hacían; hay quienes detestan los maullidos por la noche, y no les gusta que los gatos anden furtivamente por patios y jardines al anochecer. Sea cual sea el motivo, este viejo matrimonio gozaba atrapando y matando todo gato que se acercaba a su casucha miserable; y por lo que se oía después en la noche, muchos de los lugareños sospechaban que tenían un modo de matarlos de lo más singular. Sin embargo, no hablaban de esto con el viejo matrimonio, debido a la habitual expresión de sus rostros arrugados, y a que su choza era muy pequeña y estaba oculta y oscurecida bajo unos olmos corpulentos, en el fondo de un patio abandonado. En verdad, aunque los dueños de los gatos odiaban a estos viejos, los temían aún más; y en vez de tacharles de brutales asesinos, se limitaban a cuidar que ninguno de sus adorados gatos se aproximara impensadamente a la apartada casucha oculta bajo los árboles sombríos. Cuando por un descuido inevitable se perdía alguno, y se oían los maullidos por la noche, su dueño lloraba con impotencia, o se consolaba dando gracias al Destino por no haber sido uno de sus hijos el desaparecido de este modo. Pues la gente de Ulthar era simple, y no sabía de donde vinieron los gatos al principio.

Un día entró por las estrechas y empedradas calles de Ulthar una caravana de extraños vagabundos que procedían del sur. Eran trotamundos atezados, distintos de aquellas gentes ambulantes que pasaban por el pueblo dos veces al año. Decían la buenaventura a cambio de plata en los mercados, y compraban alegres abalorios a los mercaderes. Nadie sabía de que país venían estos vagabundos; pero observaron que eran dados a rezar extrañas plegarias, y que a los lados de sus carromatos llevaban pintadas extrañas figuras con cuerpo humano y cabeza de gato, de halcón, de león o de carnero. Y el jefe de la caravana llevaba un tocado con dos cuernos y un curioso disco entremedias.
Iba en esta singular caravana un niño que no te padre ni madre, sino sólo un gatito pequeño y negro al que cuidaba. La peste no había sido amable con él, aunque le había dejado este ser diminuto y peludo que dulcificaba su dolor; cuando se es muy joven, uno puede encontrar gran alivio en las vivarachas travesuras de un gatito negro. Así, el niño a quien las atezadas gentes llamaban Menes sonreía cada vez más, y llora cada vez menos, cuando se sentaba a jugar con su gracioso gatito en las escaleras de un carromato decorado de singular manera.

A la mañana del tercer día de estancia en Ulthar, Menes no pudo encontrar a su gatito; al verle sollozando en el mercado, los lugareños le hablaron del viejo y de su esposa, y de lo que se oía por la noche. Al escuchar todo aquello sus sollozos dieron paso a la reflexión, y finalmente a la plegaria. Extendió los brazos hacia el sol y rezó en una lengua que los lugareños no entendieron; aunque no pusieron mucho empeño en entender, ya que les acaparaban la atención el cielo y las formas curiosas que adoptaban las nubes. Era muy extraño, pero tan pronto como el niño hubo terminado su oración, parecieron formarse en lo alto las figuras brumosas y oscuras de unos seres exóticos, criaturas híbridas coronadas con los cuernos y el disco entremedias. La Naturaleza está llena de tales ilusiones para sugestionar a quienes son imaginativos.

Esa noche, los trotamundos se fueron de Ulthar, y no se les volvió a ver. Y los habitantes se sintieron consternados al darse cuenta de que no había un solo gato en todo el pueblo. De cada uno de los hogares había desaparecido el gato familiar; los grandes y los pequeños, los negros, los grises, los rayados, los amarillos y los blancos. El viejo Kranon, que era el burgomaestre, juró que habían sido las gentes atezadas quienes se los habían llevado en venganza por la muerte del gatito de Menes; y maldijo a la caravana y al niño. Pero Nith, el flaco notario, declaró que el viejo campesino y su esposa eran más sospechosos aun, ya que su odio a los gatos era conocido por todos, y más atrevido cada vez. Sin embargo, nadie se atrevió a acusar al siniestro matrimonio, aun cuando el hijo del posadero, el pequeño Atal, aseguraba haber visto a todos los gatos en aquel patio maldito, bajo los árboles, avanzando con paso medido, lenta y ceremoniosamente, y describiendo un círculo alrededor de la choza en fila de a dos, como si ejecutasen algún inaudito ritual. Los lugareños no sabían si creer al chico; y aunque temían que el malvado matrimonio hubiese hechizado y exterminado a todos los gatos, preferían no enfrentarse con el viejo campesino mientras no saliese de su patio tenebroso y repugnante.

Así que el pueblo de Ulthar se acostó embargado por la ira y la impotencia; y he aquí que al despertar por la madrugada, ¡cada gato había regresado a su hogar respectivo! Los grandes, los pequeños, los negros, los grises, los rayados, los amarillos y los blancos; no faltaba ninguno. Todos aparecieron gordos y lustrosos, emitiendo sonoros ronroneos de satisfacción. Los ciudadanos hablaban maravillados del caso. El viejo Kranon insistió una vez más en que había sido el pueblo atezado quien se los había llevado, puesto que los gatos jamás regresaban vivos de la choza del viejo matrimonio. Pero todos coincidieron en una cosa: que la negativa de los gatos a probar sus respectivas raciones de comida y su plato de leche era sumamente singular. Y durante dos días enteros, los lustrosos y perezosos gatos de Ulthar no tocaron alimento alguno, y se limitaron a dormitar junto al fuego o al sol. Una semana transcurrió, hasta que los lugareños observaron que no había luz, por la noche, en las ventanas de la choza oculta bajo los árboles. Luego, el flaco Nith comentó que nadie había visto al viejo ni a la vieja desde la noche en que desaparecieron los gatos. Una semana después, el burgomaestre decidió vencer su temor y visitar la vivienda extrañamente silenciosa; como era su deber, aunque tuvo el cuidado de hacerse acompañar por Shang el herrero y Thul el cantero como testigos. Y cuando echaron abajo la frágil puerta no encontraron otra cosa que dos esqueletos humanos limpios y mondos en el suelo de tierra, y un montón de cucarachas que corrían por los rincones oscuros.

Mucho se habló después entre los habitantes de Ulthar. Zath, el alguacil, discutió largamente con Nith, el flaco notario; y Kranon y Shang y Thul fueron abrumados a preguntas. En cuanto al pequeño Atal, el hijo del posadero, fue interrogado a fondo, y se le dio un caramelo en recompensa. Hablaron del viejo campesino y su mujer, de la caravana de atezados vagabundos, del pequeño Menes, de su gatito negro, de la plegaria de Menes y el cambio del cielo, de la acción de los gatos la noche en que se fue la caravana, así como de lo que encontraron mas tarde en la choza que hay bajo los árboles sombríos del patio repugnante.

Al final, los diputados aprobaron esa famosa ley de que hablan los mercaderes en Hatheg, y que discuten los viajeros de Nir; a saber: que en Ulthar, nadie puede matar un solo gato
.


jueves, 20 de mayo de 2010

Las primeras fresas (Cuento Cheroki)



Hace mucho tiempo, cuando el mundo era nuevo, el Creador hizo a un hombre y a una mujer. Los hizo a la vez, para que ninguno de los dos estuviera solo. Ellos se casaron y vivieron juntos y fueron felices durante mucho tiempo.

Luego, una tarde, el hombre volvió a casa de cazar y vio que la mujer aún no había empezado a preparar la comida. Estaba fuera recogiendo flores.
El hombre se enfadó.
- ¡Tengo hambre! – dijo en tono irritado-. ¿Acaso esperas que coma flores?
La esposa entonces se enfadó también. Quería disfrutar de la belleza de aquellas flores con su marido. Para eso las había recogido.
- Tus palabras me ofenden- le dijo. No voy a seguir viviendo contigo.

La mujer se volvió hacia el Oeste y se encaminó hacia el sol. Su marido la siguió, pero ella caminaba demasiado deprisa. No podía alcanzarla. La llamó a voces, pero ella no le oyó. Él se apresuró cuanto pudo, pero su esposa era mucho más ligera.

El sol observó al marido seguir a su esposa. Y vio la tristeza del hombre y se apiadó de él.
- ¿Sigues enfadado con tu esposa? – preguntó el sol.
- No – contestó el hombre-. Fui un estúpido dejándome arrastrar por la cólera. Pero no puedo alcanzarla para decirle que lo siento.
- Entonces te ayudaré- dijo el sol.

El sol iluminó la Tierra con su luz delante de la mujer. Y allí donde la luz resplandecía, crecieron las frambuesas. Estaban maduras y parecían apetecibles, pero la mujer no se fijó en ellas y siguió caminando.

El sol volvió a intentarlo. Brilló y crecieron los arándanos. Resplandecieron a la luz del sol, pero la mujer no se fijó en ellos. Siguió caminado hacia el Oeste, alejándose cada vez más de su marido.

El sol lo intentó entonces por tercera vez. Y allí donde sus rayos tocaron la Tierra, crecieron las moras. Eran oscuras y grandes, pero mucho más grande era la cólera de la mujer, que no se fijó en ellas.

Por fin, el sol se esforzó al máximo. Iluminó la hierba delante mismo de los pies de la mujer y aparecieron las fresas. Brillaban como fuego en la hierba y la mujer tuvo que pararse al verlas delante.

Se arrodilló, arrancó una y la mordió. Nunca había probado una cosa igual. Su dulzor le recordó lo felices que habían sido ella y su marido antes de reñir.
- Tengo que recoger algunos de estos frutos para mi marido-, se dijo, y se puso a recoger fresas.

Y todavía estaba recogiendo fresas cuando el hombre la alcanzó.
-
Perdóname, perdona mis palabras ofensivas- le dijo el hombre.
Y ella la respondió
compartiendo con el dulzor de las fresas.
Y de esta forma vinieron al mundo las fresas.

Hoy día, cuando los
cheroquis comen fresas, recuerdan que tienen que ser siempre amables unos con otros; recuerdan que la amistad y el respeto son tan dulces como el sabor de las fresas rojas en sazón.

sábado, 24 de abril de 2010

Leyenda de Persefone (la primavera)



Cuenta Homero que hubo un tiempo en el sureste de Europa en que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno, ni la tierra yerma, ni el hambre. La artífice de tanta maravilla no era otra que la diosa de la fecundidad de los campos, Démeter (la Madre Tierra). Démeter se convertiría en la cuarta esposa de Zeus, padre de todos los dioses, dueño y señor del cielo. De este matrimonio nacería Core (doncella), que después recibiría el nombre de Perséfone. La criatura era el amor de su madre, y una joven de gran hermosura. Solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar. Un día pasó por allí el terrible Hades, dios de los infiernos, con su temible carro tirado por caballos. Se encandiló de Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, a su territorio. Démeter, al no aparecer su hija, empezó a preocuparse y fue en su busca. Para ello encendió dos antorchas y, con una en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches en su busca.

Todo fue inutil. Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a decirle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra. Esta se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, se seca y las plantas no crecen. Zeus, ante el desastre que se estaba produciendo, se vio obligado a intervenir de alguna forma. Sin embargo no le fue posible devolver a Perséfone a su adorada madre. ¿Por qué? Porque la muchacha había probado el fruto de los infiernos (la granada) y le era imposible regresar al mundo de los vivos y abandonar las profundidades.

Así las cosas, se pudo finalmente llegar a un compromiso. El acuerdo permitía a la joven mantenerse al lado de su esposo durante un periodo del año (unos mitólogos dicen medio año, otros un poco más) y volver al lado de su madre. Cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente.


jueves, 10 de diciembre de 2009

El misterio de James Bartley







James Bartley era un marinero inglés de 21 años cuando realizó su primer viaje a bordo del ballenero The Star of the East. Corría el año 1891, y el barco iba tras una ballena, navegando en el Atlántico Sur. Frente a la costa de las Islas Malvinas. Perseguían un cachalote, la más grande de las ballenas con dientes.


Los cachalotes son los mamíferos que se sumergen más profundo en el océano; y es el animal carnívoro más grande sobre la Tierra. Puede medir hasta 25 metros de largo y su cuerpo alcanza una temperatura algo superior a los 40 Cº. Tiene una cabeza enorme, su boca es mayor a la de cualquier otro animal.


En un determinado momento, los arponeros avistaron el cachalote y dieron la voz de alarma al resto de la tripulación. Todos se aprestaron a la caza y se pusieron en movimiento. Desde el barco, echaron al agua dos botes más pequeños con el cargamento necesario para acercarse al animal y apresarlo.


Cuando se encontraban más cerca, un arponero atravesó el cuerpo de la ballena con un arpón submarino.El animal se agitó violentamente por el dolor, y de un coletazo volcó uno de los botes. Todos sus tripulantes cayeron al agua. Apremiados por la situación, los integrantes del bote restante se apresuraron a rescatarlos, y pudieron salvar a todos, excepto a dos de ellos, entre los que se encontraba el marinero Bartley. Luego de una intensa búsqueda sin obtener resultados, se pensó que se habían ahogado.


Finalmente, el cachalote murió, y tras conducirlo a la costa, comenzaron a abrirlo. En esos tiempos, el aceite de ballena era muy apreciado por su altísimo valor, ya que se empleaba para fabricar muchos productos. De los intestinos del cachalote se obtenía el ámbar gris, una sustancia cerosa que se utilizaba para fabricar perfume. Al abrir el animal, se encontraron con un bulto en el interior de la ballena, y creyeron que era el ámbar gris… Pero el bulto se movía.¡Era James Bartley! Estaba vivo, pero muy pálido. Los demás marineros debieron reanimarlo con agua helada de mar para que volviera en sí. Cuando despertó, comenzó a vociferar y a intentar golpear a todo el que se le acercara. Se volvió loco y tuvieron que atarlo a la cama de su camarote.

Lentamente se mejoró. Lo único que recodaba, tras ser tragado por la ballena, era que permanecía en una total oscuridad, deslizándose lentamente por un conducto blando y viscoso al tacto, y que antes de perder el conocimiento, había sentido muchísimo calor.A su regreso a Londres, Bartley se dedicó a ser zapatero remendón, y murió tranquilamente en su cama en 1909.


¿Cómo pudo alguien seguir con vida después de ser tragado por un cachalote?... ¡Es todavía un misterio!

jueves, 26 de noviembre de 2009

La leyenda del Sol y la Noche


Hacía ya muchos años que el Sol besaba a la Montaña.

Con su resplandor la acariciaba de la cúspide a la falda.Marrón, amarilla o negra en sus extensas laderas, ella siempre daba hijos verdes: ornamentales o de suaves frutos.

El Sol enamorado le trajo un día a Arco iris y abrillantó el espacio infinito de azul. Con jirones de nubes hizo un collar muy blanco que ella movió coqueta alrededor de su garganta de piedra. Claro y diáfano, duraba el Día para siempre.

En cierta ocasión, Sol se vió obligado a separarse de Montaña. Fue cuando descubrió en un acantilado, una caverna cubierta de espesa vegetación. Helechos gigantes, hiedras y enredaderas formaban una tupida puerta que ni el más valiente rayo podía traspasar.Sol se puso frío de preocupación.

Él que era el centro del universo, no podía permitir que una simple cueva escapara de su luz.Radiante, esplendoroso, reunió toda la energía de su potente luz. Primero envió Rayos Tibios de la Alborada. Ágilmente lucharon contra Rocío y Escarcha hasta evaporarlos en un débil rastro de humo gris.

La cueva permaneció cerrada y sin luz. Después llegaron raudos Rayos de Media Mañana. Lucharon con todo su calor, pero no pudieron pasar de las enredaderas. Finalmente descendieron Rayos de Pleno Mediodía. Ardientes, verticales; quemaron piedras y marchitaron hiedras, pero la cueva se mantuvo cerrada y sin luz.

Sol, desaforado llamó a su hermano Viento. Viento rompió el collar de nubes de la hermosa Montaña. Así desató a Lluvia, agua precipitada que suelta y juguetona dio muchísimas vueltas antes de regresar a su mullida casa de algodón. Por horas, Viento y Lluvia azotaron a Montaña. Quebraron cedros, robles, ébanos y caobos, sin contar limoncillos, aguacates y un manaclar sin dueño.


Los pinos destrozados cubrieron grandes zonas, pero la cueva permaneció cerrada y sin luz.Cuando Viento y Lluvia se marcharon vencidos, hilos de plata descendieron incontenibles: Montaña lloraba sus árboles caídos. Tras el susurro de riachuelos, una mujer de sombras, con piel hecha de sueños y pies transparentes, con larga cabelleza a modo de manto sobre el cuerpo desnudo, salió de la caverna.

Un grito agudo, como de ave triunfante salió de su garganta. Calor, Lluvia y Viento había vencido, ¿dónde estaba ese Sol arrogante?Sol regresó en ese mismo instante. Clavó en la extraña sus pupilas de fuego. Sin poder soportarlo, ella corrió a ocultarse, pero sus pies de agua se le voltearon presos de las raíces brotadas.

Un grito de dolor se escuchó en el silencio y Viento lo bautizó "jupido".Cubrió sus pies distintos con su melena enorme. Perdida, elevó altiva su mirada de orgullo. Desafiante clavó en el astro sus pupilas de abismo.Valiente, Sol enfrentó aquella ira por él desconocida, pero lanzas de hielo penetraron en su cuerpo candentes y enigmas y misterios, preguntas sin respuestas hirieron brutalmente su cuerpo hecho de luz.

Fue en ese momento que escaparon unidos los colores de la vida: azul, rojo, amarillo... dejaron el espacio a uno solo más fuerte que creció incontenible amenazando a Sol. Entonces Montaña se removió temblando desde la tierra llana, retorciendo su cumbre. Todos los hijos verdes se estremecieron juntos y desencadenaron un poderoso alud.

Entre lluvia de piedras y sacrificio de árboles Sol se recuperó.Cegada para siempre, Ciguapa tambaleaba. Sus pies volteados negáronle equilibrio. Y ahora que no podía darle a nadie la espalda, si entraba o si salía del refugio de piedra fue de vida o de muerte... Cayó precipitada y su larga melena brillante de betún iba cubriendo todo con su oscuro misterio: los árboles, las peñas, los ríos y sus orillas, bohíos y corrales, valles, pueblos y riscos... La Noche había nacido para oponerse al Sol.

Desde entonces, la claridad termina después de doce horas de cálido esplendor. El Sol besa a la Montaña. La rodea de Arco iris, de un infinito azul, después se va prudente dando paso a esta Noche que oscura y silenciosa hace brillar estrellas en su enorme melena de apagado carbón......

A veces, en luna llena, Montaña se apiada de Noche Serena. La deja entrar con la tristeza prendida en su melena... dicen que va derecho hasta el charco de plata que hay en su antigua cueva y con polvo de estrellas se lava sus dos pies.






(leyenda Republica Dominicana)

lunes, 9 de noviembre de 2009

El puente del Aco Iris



(para animales que nunca tuvieron a nadie)


Hay un puente que conecta el Cielo con la Tierra.
Se llama el Puente del Arco Iris, porque tiene muchos colores.
Justo en este lado del Puente, hay prados, colinas y valles verdes.
Cuando muere un animal querido, se va allí.
Siempre hay comida y agua y tiempo cálido de primavera.
Los animales viejos y frágiles aquí se rejuvenecen.
Los que han sido lesionados son fuertes de nuevo.
Todo el día juegan unos con otros.


Pero algunos de los animales que están aquí, a este lado del Puente, son diferentes.
Estos animales fueron maltratados, pegados, torturados, se morían de hambre, nunca fueron queridos.
Ellos, miran con algo de tristeza, mientras se vayan sus amigos, uno por uno, para cruzar ese puente con su humano especial.
Para estos animales, no hay nadie, no hay ningún humano especial.
Su tiempo en la tierra no les dio esa oportunidad.


Pero un día, mientras están corriendo y jugando, se dan cuenta de que hay alguien esperando, de pie, en el camino al Puente.
Esa persona mira con algo tristeza las reuniones entre amigos, porque durante su vida, esa persona nunca tuvo un animal para hacerle compañía.
Esa persona fue maltratada, pegada, torturada, se moría de hambre, nunca fue querida.
Allí espera esta persona, sola, y uno de los animales que nunca fueron queridos se le acerca, curioso por saber por qué esta persona está sola.




Y mientras se acercan el animal no querido y la persona no querida, surge un milagro, porque para ellos, el destino quiso que al final estuvieran juntos, una persona especial y un animal querido que nunca tuvieron la oportunidad de conocerse durante su estancia en la Tierra.

Ahora, por fin, a la entrada del Puente del Arco Iris, sus almas se encuentran, borrando todo el dolor y la tristeza, y los dos amigos ya están juntos.

Y juntos cruzan el Puente del Arco Iris juntos, para no volver a separarse nunca más.


domingo, 8 de noviembre de 2009

La leyenda del Ave Fenix



Es un ave mitológica que vivía en los desiertos de Arabia, su origen viene de los desiertos de Libia y Etiopía, su nombre proviene del griego «phoinix» que significa rojo.


Se le consideró un animal fabuloso, una especie de semidiós.

Su aspecto era parecido al de una garza, del tamaño de un águila, y tenía 2 largas plumas a modo de cresta.




Para los egipcios era como el símbolo de la inmortalidad y dios protector de los muertos, debido a que tenia una estrecha relación con el renacimiento, decían que tenia un color rojo y plumas de oro, y en su honor le dedicaron un templo en Heliópolis que fue la ciudad sagrada del Fénix, donde volvía cada 500 años para morir y renacer ya que este es su principal papel, renacer y crearse a si mismo.

Cuando al ave Fénix le llega la hora de su fin, construye un nido de sándalo y otras maderas y hierbas resinosas y perfumadas, en lo alto de una montaña.





Posado sobre él nido, abriendo sus esplendorosas alas, la luz del sol consume ave y nido, mientras el Fenix canta su mas bella canción y todo queda convertido en perfumadas cenizas.

Pero entre los restos del incendio aparece un huevo, que el calor del sol se encarga en empollar; y aquí que nuevamente nace le ave Fénix, brillante como la luz del sol y alimentado por ella. Entonces durante sus años de vida, el nuevo Fénix cuida el mundo y a sus criaturas.





Se creía que los Fénix que representaban el fuego ayudaban a los labradores que le pedían en épocas de frío que hiciera brillar el sol, para que así sus cosechas nacieran.

Los griegos le dieron el nombre de Phoenicoperus, esto es alas rojas, apelativo que se extendió por toda la Europa romana y ha sido posteriormente adoptada para denominar al gran flamenco por todos los científicos del mundo.





Para el pueblo griego consistía en un pájaro poseedor de alas perfumadas de deliciosos olores.

En el reino medio se decía que era el guía del sol, y se le asocio con el planeta Venus, se representaba como una garza, que a veces lleva la corona blanca y dos plumas o la corona Atef o el disco solar.





En la mitología del antiguo Egipto, el Ave Fénix (también llamado Benu) representaba el Sol, que muere por la noche y renace por la mañana.

En este caso surge de un huevo primigenio.

Otro simbolismo que se le da al Ave Fénix es de la esperanza, ya que representa la esperanza que nunca debe morir en el hombre.





Se le ha visto una relación con el pájaro de fuego de la mitología aborigen americana.


jueves, 5 de noviembre de 2009

El pescador Urashima

Cuentan que hace muchos años vivía en Japón un joven pescador, hábil con los anzuelos y las redes aunque un poco olvidadizo, llamado Urashima. Dicen asimismo que una tarde en la que este había salido a faenar con su barca, al izar las redes encontró atrapada en ellas una gran tortuga verde. Aunque esta podía proporcionar alimento para él y sus padres durante varios días, Urashima se apiadó de ella y la devolvió al mar. Mientras lo hacía sintió que el sueño se apoderaba de él.






Al poco de cerrar el pescador los ojos, una hermosa doncella surgió de entre las olas y, tras subir a la barca, dijo:




―Soy hija del dios del mar. Fui yo quién, bajo la forma de una tortuga, se enredó en tus aparejos de pesca y a quién generosamente devolviste al agua. Esa acción tan noble no puede quedar sin recompensa, así que te invito a acompañarme al Palacio del Dragón, cuyo suelo de coral nunca ha sido hollado por un ser humano, y en donde vivo con mi padre.




La princesa se sentó entonces al lado de Urashima y cogió un remo; el pescador empuñó el otro y ambos comenzaron a remar. Remaron y remaron, adentrándose cada vez más en el océano, hasta que por fin pudieron divisar en el horizonte los altos torreones del Palacio del Dragón.




Este se alzaba en un solitario islote en mar abierto. Pétreos árboles con hojas de esmeralda jalonaban el camino que conducía a su entrada. Sus torres, puntiagudas y retorcidas, se perdían entre las nubes, y estaba hecho por entero de coral rojo, de tal manera que el coral parecía haber crecido voluntariamente de aquella forma para honrar a su señor. Tal era el magnífico palacio desde el cual el dios del mar gobernaba a las criaturas marinas.





Allí vivió Urashima agasajado por los súbditos del dios del mar. Él y la princesa se enamoraron y acabaron por casarse. Era muy feliz, pero no podía evitar sentir nostalgia de su pueblo, por lo que, poco a poco, fue madurando la idea de regresar a tierra firme para visitar a sus padres. Cuando contó a la princesa su proyecto, esta asintió apesadumbrada. Si ese era su deseo, ella no se lo impediría. Antes de partir, le dio una pequeña caja de madera con la advertencia de que si quería regresar algún día al Palacio del Dragón, nunca la abriese.



Nada más tocar la caja, Urashima sintió que su visión se nublaba y perdía la consciencia. Cuando despertó, ya no se encontraba en el Palacio del Dragón, sino en su barca, frente a la cala en la que solía pescar, justo en el lugar en el que se había quedado dormido aquella tarde durante la cual había pescado la gran tortuga verde. El sol estaba casi en la misma posición, él iba vestido con la misma ropa que cuando había salido a faenar y en su barca se encontraban todos sus aparejos, tal y como los tenía dispuestos aquella tarde. En apariencia, solo habían transcurrido unos minutos, y no meses.




Dudando de si su estancia en el Palacio del Dragón había sido un sueño, Urashima condujo la barca hacia la orilla y se dirigió a su casa.





Al llegar al pueblo, notó que algo extraño sucedía. Las calles le resultaban familiares, pero no todo respondía exactamente a sus recuerdos: aquí y allá se levantaban casas que antes no existían, otras que recordaba con claridad se habían convertido en solares o en edificaciones nuevas. La casa de sus padres era una de estas.




Desconcertado, paró a un viandante y le preguntó por sus padres.




―No los conozco, lo siento ―respondió al principio el viandante, aunque después su rostro pareció iluminarse con la chispa de un recuerdo―. ¡Oh, espera! Tu te refieres a los padres del pescador. Su hijo salió una tarde a faenar y nunca regresó. Pero eso tuvo lugar hace mucho tiempo, mucho antes de que yo naciese. Han pasado ya, por lo menos, 300 años desde que los padres del pescador murieron.



Urashima comprendió entonces que su estancia en el Palacio del Dragón no había sido un sueño y que es cierto lo que dicen algunos: en las tierras habitadas por las hadas y los seres feéricos el tiempo transcurre más despacio que en el mundo de los humanos.




Nada había ya que lo retuviese en tierra firme. Urashima echaba ahora de menos el Palacio del Dragón y la compañía de la princesa. En la cesta de mimbre que llevaba habitualmente cuando salía a pescar, encontró la pequeña caja de madera que ella le había dado. Sin recordar su advertencia, la abrió. De su interior brotó una nube blanca que, cuando ganó altura suficiente, comenzó a avanzar hacia el horizonte.



Urashima la persiguió, pidiéndole a gritos que lo esperase, pero esta no cambió de rumbo. Al pescador le costaba cada vez más correr. Sentía crecer la debilidad de sus piernas, y a cada poco tenía que pararse a recobrar el resuello. En una de estas ocasiones miró sus manos: estaban arrugadas como las de un anciano. La terrible verdad era que, según la nube se alejaba, los años que habían transcurrido en el mundo mortal se echaban encima de él, dispuestos a cobrar su tributo.




A duras penas, Urashima logró llegar a la playa. Pero ya no le quedaban fuerzas para más. Cayó rendido sobre la arena, en donde murió, mientras veía cómo la nube se alejaba sobre el mar.


viernes, 30 de octubre de 2009

Historia de halloween

... según cuenta la historia ...




Un hombre irlandés, tacaño y muy bebedor, llamado Jack, tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo en un bar, en la Noche de Brujas, como algunos afirman. Jack había bebido mucho y aún tenía mucho más por beber, estaba apunto de caer en las garras del diablo. Pero pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago. El diablo se transformó en una moneda para pagarle al camarero, pero Jack rápidamente lo tomó y lo puso en su monedero. Como Jack tenía una cruz en su monedero, el diablo no pudo volver a su forma original. Jack no dejaría ir al diablo hasta que le prometiera no pedirle su alma en 10 años.



Diez años más tarde, Jack se reunió con el diablo en el campo. El diablo iba preparado para llevarse el alma de Jack, pero Jack pensó muy rápido y dijo: "Iré, pero antes de hacerlo, ¿me pasarías la manzaña que está en ese árbol por favor?". El diablo pensó que no tenía nada qué perder, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes de darse cuenta, Jack ya había tallado una cruz en el tronco de un árbol con un cuchillo. Entonces el diablo no pudo bajar, sin atrapar a Jack y sin obtener su alma. Jack lo hizo prometer que jamás le pediría su alma nuevamente, y el diablo tuvo que aceptar, pues no le quedaba nada más por hacer.





Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar al cielo, pues durante su vida había bebido mucho y había sido un estafador. Pero cuando intentó entrar, por lo menos la infierno, el diablo tuvo que enviarlo de vuelta, pues no podía tomar su alma. "¿Adónde iré ahora?", Preguntó Jack, y el diablo le contestó: "Vuelve por donde viniste". El camino de regreso era oscuro y con mucho viento. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido directamente del infierno, para que se guiara en la oscuridad, y Jack lo puso en un naboque iba comiendo, para que no se apagara con el viento.


....Jack fue condenado a caminar en la oscuridad eternamente.....


Pero creo saber qué te estarás preguntando: ¿qué tienen que ver los nabos con las calabazas?. Aquí va la respuesta. Los pobladores de las islas británicas, especialmente Irlanda, son descendientes de los celtas, por eso como mandaba la tradición celta ahuecaban nabos y ponía carbón en ellos para iluminar, y así le daban la bienvenida a sus seres queridos y a la vez se protegían de los malos espíritus. Pero cuando los irlandeses llegaron a América, conocieron las calabazas y se dieron cuenta de que estas eran mucho más grandes y fáciles de ahuecar, desde ese tiempo que ninguna persona ha crecido sin conocer un Jack-o-lantern.


miércoles, 28 de octubre de 2009

La leyenda del arco iris

El Nacimiento del Arco Iris







Hace mucho, mucho tiempo, en la espesa selva verde esmeralda habitaban unos pequeños animalitos que provocaban la admiración de todos aquellos que tenían la suerte de poder verlos. Eran siete magníficas mariposas, todas diferentes, pero cada una con sus alas pintadas de un color brillante y único. Su belleza era tal, que las flores de la selva se sentían opacadas cada vez que las mariposas revoloteaban su alrededor.






Eran inseparables, y cuando recorrían la selva parecían una nube de colores, deslumbrante y movediza. Pero un día, una de ellas se hirió con una aguda espina y ya no pudo volar con sus amigas. El resto de las mariposas la rodeo, y pronto comprendieron que la profunda herida era mortal. Volaron hasta el cielo para estar cerca de los dioses y, sin dudarlo, ofrecieron realizar cualquier sacrificio con tal de que la muerte de su amiga no las separara. Una voz grave y profunda quebró el silencio de los cielos y les preguntó si estaban dispuestas a dar sus propias vidas con tal de permanecer juntas, a lo que todas contestaron afirmativamente.







En ese mismo instante fuertes vientos cruzaron los cielos, las nubes se volvieron negras, y la lluvia y los rayos formaron una tormenta como nunca se había conocido. Un remolino envolvió a las siete mariposas y las elevó más allá de las nubes. Cuando todo se calmó y el sol se disponía a comenzar su trabajo para secar la tierra, una imponente curva luminosa cruzó el cielo, un arco que estaba pintado con los colores de las siete mariposas, y que brillaba gracias a las almas de estas siete amigas que no temieron a la muerte con tal de permanecer juntas.




martes, 27 de octubre de 2009

Maquech

Esta es la leyenda de una bella princesa que tenía los cabellos como las alas de las golondrinas; por eso se llamaba Cuzán, que es el nombre maya de ese ave. Las historias de la belleza de Cuzán se contaban en todo el reino, más allá de los muros de la ciudad sagrada de Yaxchilán.





Cuzán era la hija preferida de Ahnú Dtundtunxcaán, el Gran Señor que se sumerge en el cielo. Era alegre y feliz, y su rostro brillaba como el sol cuando su padre ponía a sus pies lo más bello de sus tesoros de guerra.
Cuando Cuzán tuvo edad para el matrimonio, su padre concertó la unión con el hijo del Halach Uinic de la gran ciudad de Nan Chan; el príncipe Ek Chapat, el futuro Señor del Reino. Cuzán aceptó la elección de su padre.




Un día, al regresar de la guerra, el rey envió los tesoros del botín a Cuzán. Cuando la princesa fue a la sala del Gran Palacio para agradecerle a su padre el rico presente, lo halló acompañado de un hermoso joven llamado Chalpol, Cabeza roja, porque su cabello era de color encendido.




Sus almas quedaron atrapadas en un lazo de fuego. El corazón desbocado de la princesa sólo hallaba sosiego en el nombre de Chalpol. Juraron no olvidarse nunca y se amaron con locura bajo la ceiba sagrada, donde los dioses escuchan las plegarias de los mortales.




Todos en la ciudad sabían que Cuzán estaba prometida al príncipe Ek Chapat de la ciudad de Nan Chan; por eso cuando el rey supo que Chalpol era el amante de su hija, ordenó que fuera sacrificado. Cuzán le suplicó que le perdonara la vida, pero todo fue en vano.



El día señalado Chalpol fue pintado de azul para la ceremonia del sacrificio. Hasta el atrio del templo llegaba el aroma del copal que se quemaba para expulsar los espíritus.
Con los ojos llenos de lágrimas, Cuzán volvió a pedir a su padre que no lo sacrificara, prometiendo que jamás lo volvería a ver y que aceptaría con obediencia ser la esposa del príncipe de Nan Chan.
Después de consultar con los sacerdotes, el Halach Uinic le perdonó la vida, bajo la única condición de que su hija se encerrara en sus habitaciones. Si salía, Chalpol sería sacrificado. En la soledad de su alcoba, la princesa entró en la senda del misterio.




En el silencio de la noche, fue llamada a presentarse ante el Halach Uinic. Cuando llegó a los patios del templo sus ojos buscaron los de su amado. Tembló al pensar que lo hubieran sacrificado.
Le preguntó a su padre, quien sólo sonrió. Un hechicero se le acercó ofrecieéndole un escarabajo y le dijo:
“Cuzán, aquí tienes a tu amado Chalpol. Tu padre le concedió la vida, pero me pidió que lo convirtiera en un insecto por haber tenido la osadía de amarte”.


La princesa Cuzán lo tomó y le dijo: “Juré nunca separarme de ti y cumpliré mi juramento”.
El mejor joyero del reino lo cubrió de piedras preciosas y le sujetó una de sus patitas con una cadenita de oro.
Ella lo prendió a su pecho y le dijo: “Maquech, eres un hombre, escucha el latido de mi corazón, en él vivirás por siempre. He jurado a los dioses no olvidarte nunca”. Maquech, los dioses no han conocido nunca un amor tan intenso y tan vivo como este que consume mi alma”.
La princesa Cuzan y su amado Chalpol, convertido en Maquech, se amaron por encima de las leyes del tiempo, con un amor colmado de eternidad.




(Leyenda del Yucatán)