Mostrando entradas con la etiqueta mitologia egipcia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mitologia egipcia. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de noviembre de 2009

El nombre secreto de Ra





Ra, el poderoso dios que vino a la existencia por sí mismo, el que hizo los cielos, la tierra, las aguas, que creó la vida, el fuego, a los hombres y dioses, al ganado y los reptiles, a las aves y peces, el rey de los hombres y de los dioses, para quien los eónes son como años, tenía muchos nombres que ni siquiera los dioses conocían.



Isis, la Gran Maga, era una mujer de palabra hábil, más hábil que los corazones de un millón de hombres. Sobresalía sobre millones de dioses, y era más astuta e inteligente que millones de aj. Conocía, como Ra, el demiurgo, todo lo que puede saberse sobre el Cielo y la Tierra. La diosa tramó en su corazón averiguar el nombre secreto del dios, el que le daba el poder sobre el resto de hombres y dioses.





Cada día Ra surgía, sobre su barca, del lado oriental del horizonte para realizar su travesía por los cielos y sumergirse en el lado occidental, al atardecer, realizando su viaje nocturno por las regiones de la Duat, a las que iluminaba con su luz. Pero eran ya muchos los viajes que el dios había realizado y día a día envejecía un poco más. Cuando atravesaba las tierrras de Egipto su cabeza se balanceaba de lado a lado, su mandíbula temblabla y de su boca le caía la saliva que regaba la tierra.


Un día Isis recogió la saliva con su mano, mezclándola luego con la tierra y moldeando así una serpiente que dio origen a la primera cobra. No necesitó emplear su magia para llevar a cabo esta creación, porque en la criatura se encontraba la propia sustancia divina de Ra. Isis tomó la serpiente inerte y la situó en el camino que su padre recorría a diario de Oriente hacia Occidente atravesando las Dos Tierras, de acuerdo al deseo de su corazón.


Después de que Ra ascendiese por el horizonte Oriental, mientras avanzaba en su viaje junto con su comitiva de dioses pasó, como de costumbre, por el lugar en el que Isis había dejado la serpiente y ésta se irguió para, rápidamente, en un movimiento justo y certero, morder la carne del dios, transmitiéndole así todo el fuego de su poderoso veneno. Ra abrió su boca y la voz de su Majestad alcanzó los cielos. La Enéada de dioses gritó entonces: '¿Qué os ocurre señor?', y todos los dioses preguntaron: '¿Qué es lo que os ha sucedido?' Pero Ra, el creador, el poderoso dios que había dado origen a todas las cosas y seres del mundo, no pudo responderles, porque no encontró fuerzas suficientes para ello. Sus mandíbulas temblaban y todos sus miembros se estremecían a medida que el veneno avanzaba por su cuerpo, como el Nilo se apodera de todas las tierras a lo largo de su curso.



Después de que el gran dios hubo hecho firme su corazón, dijo a aquellos que le seguían: 'Venid a mí. ¡Oh, vosotros, que vinisteis a la existencia de mi cuerpo! ¡Vosotros, dioses que habeis surgido de mí! Que se os haga saber qué es lo que me ha sucedido. Una criatura mortal me ha herido. Mi corazón lo presiente, pero no sé de qué se trata, porque mis ojos no han podido verla, ni mis manos la han moldeado. Es desconocida entre todo lo que yo he creado. Nunca he sentido un dolor tal, no conozco nada tan mortal. Soy el Gobernador y el hijo de un Gobernante, el fluido producido por un dios. Soy un Grande, el hijo de un Grande. Fue mi padre quien pensó mi nombre. Tengo múltiples nombres y múltitud de manifestaciones, y mi Ser está en cada uno de los dioses que existen. Soy proclamado como Atum y como Horus de la Alabanza. Mi padre y mi madre pronunciaron mi nombre, que estaba oculto en mi cuerpo incluso antes de nacer, de modo que nadie puede tener poder sobre mí mediante sus palabras. Cuando salí para ver mi obra y avanzaba por las Dos Tierras, algo me mordió, pero no sé qué es. No es fuego, ni tampoco agua, pero siento el fuego en mi corazón, mis miembros tiemblan y se estremecen. Venid, hijos míos, dioses, venid a mí, aquellos que conocen la gloria de las palabras y quienes conocen su mágica pronunciación, los de poderosa influencia que alcanza hasta los cielos'

Todos los dioses acudieron a la llamada de Ra, y también lo hizo Isis, la Gran Maga, con su glorioso poder y eficaz palabra. Isis dijo: '¿Qué es esto? ¿Qué es lo que te ha sucedido?, Padre Divino, ¿Ha sido, quizá, una serpiente la que te ha transmitido ese dolor? ¿Una de tus creaciones ha alzado su corazón en tu contra? Si así es yo expulsaré el dolor que te aflige y lo destruire con mis hechizos.'


Ra abrió su boca para contestar: 'Cuando viajaba a lo largo de mi camino, cuando atravesaba Las Dos Tierras, y los países extranjeros, deseoso de que mi corazón percibiese mi obra, una serpiente a la que no pude ver me mordió. No es fuego, no es agua. Siento el frío en mi cuerpo como el agua, siento el calor del fuego, todos mis miembros tiemblan y el sudor corre por mi cuerpo. Me estremezco, mi ojo se encuentra inseguro y no puedo distinuguir los cielos. La humedad me alcanza el rostro como los calurosos días del verano.'



Isis nuevamente habló y ahora su voz era cálida y reconfortante: 'Venid, decidme, oh Señor, vuestro nombre, oh divino padre, vuestro verdadero nombre, el nombre secreto que sólo vos conoceis, porque solamente vivirá aquel que es llamado por su verdadero nombre'.





Y Ra contestó con todos los nombres que poseía: 'Soy el creador del Cielo y la Tierra, quien puso las montañas y creó todo lo que existe. Soy el que dio origen a las Aguas, hizo que la Gran Inundación viniera a la existencia. Soy quien moldeó al 'Toro de su Madre', para que el deleite sexual viniera a la existencia. Soy quien labró el cielo y los huecos ocultos de los Dos Horizontes, dentro de los cuales situé las almas de los dioses. Soy aquel que cuando abre los ojos origina la luz y cuando los cierra provoca la oscuridad, a cuyas ordenes las aguas del Nilo ascienden y cuyo nombre los dioses no conocen. Soy quien creó las horas y así los días vinieron a la existencia. Soy el que abre los festivales del año, el creador del flujo de corriente de las aguas. Soy quien dio origen al fuego, para que los trabajos de los hombres pudiesen llevarse a cabo. Soy Jepri por la mañana, Ra al mediodía, y Atum por la tarde.'




Pero Isis conocía ya todos esos nombres, al igual que el resto de la Humanidad, en tanto Ra seguía guardando dentro de sí su nombre secreto. Mientras, el dolor se acrecentaba y el veneno corría a través de sus venas como el fuego. Entonces Isis se dirigió nuevamente a Ra diciéndole: 'No son esos los nombres que necesito para curaros, es necesario que me digais vuestro nombre secreto, aquel que sólo vos conoceis, y el veneno será expulsado. Sólo vivirá aquel que manifiesta su verdadero nombre’.





Ra estremecido por el dolor que le quemaba con ferocidad, más poderoso que las llamas de fuego dijo:' Acércate Isis, ven aquí y deja que mi nombre, pase de mi cuerpo al tuyo. Yo, el más divino entre los dioses, lo he mantenido oculto, para que mi asiento en la Barca Divina, de millones de años, pudiera ser extenso. Cuando salga de mi corazón, díselo a tu hijo Horus, después de que le hayas jurado por la vida del dios, y hayas puesto el dios en sus ojos.’ Tras esto el gran dios reveló su nombre a la diosa.




Entonces Isis, la Grande de hechizos, dijo: '¡Arrójate fuera, veneno! ¡Sal fuera de Ra! ¡Oh Ojo de Horus, sal fuera del dios que ha dado origen a la vida por medio de sus palabras! Soy yo quien realiza este hechizo, soy yo quien envía fuera el poderoso veneno, para que caiga sobre la tierra. El gran dios me ha entregado su nombre. ¡Ra vivirá y el veneno morirá!, ¡el veneno muere y Ra vivirá! Así fue como habló Isis la Grande, Señora de los Dioses, que conoce a Ra en su propio nombre.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El mito de Osiris



Cierto día, Ra, gobernador del Mundo, fue advertido de que su hija Nut mantenía relaciones con Geb, y su hijo un día gobernaría la humanidad. Para evitarlo, Ra maldijo a su hija, de modo que jamás pudiera tener un hijo. Nut acudió entonces a Thot, dios de la sabiduría, para buscar solución. Thot entonces buscó a Jonsu, dios lunar, con quien se apostó, en un juego de mesa, su luz. Al perder, Jonsu tuvo que cederle a Thot una parte de su brillo lunar (por eso la luna mengua cada mes). Con esa luz, Nut pudo tener 5 hijos en 5 días distintos que se crearon con la nueva luz. El primer día fue reservado para Osiris, dios bondadoso; el segundo, Horus, hijo de Osiris e Isis; el tercero fue Seth, quien ya en su nacimiento dio problemas al nacer del costado de Nut; el cuarto día se reservó a Isis, y el último a Neftis.


Osiris era el primógenito, el futuro Rey de Egipto, el bondadoso, el que aportaba la fertilidad a las tierras. Seth, por contra, representaba a las tierras desérticas. Osiris se casó con Isis, mientras que Seth lo hizo con Neftis.


Osiris, como rey de Egipto, enseñó a su pueblo a cultivar las tierras, a sembrar vides, a cosechar, a obtener vino y crear la cerveza a partir de la cebada. Además, creó las leyes necesarias para aportar a su pueblo paz y prosperidad.



Presa de la envidia, Seth se unió con otros 72 conspiradores y la reina de Etiopía a fin de destruir a Osiris. Para ello, mandó hacer un cofre muy rico de las medidas exactas de Osiris. En una reunión con muchos comensales, Seth ofreció el cofre a quien se metiera dentro y encajara en él. Unos y otros lo intentaron, pero ninguno lo consiguió. Finalmente, llegó el turno de Osiris. Se introdujo dentro, y eran sus medidas exactas. Rapidamente, antes de que se saliera, clavaron la tapa, y arrojaron el cofre con Osiris al Nilo.





Isis buscó entonces el cofre para darle una sepultura a la altura de un Rey. Le acompañaba Horus, el hijo de ambos, pero en su búsqueda, descubrió que Osiris había mantenido relaciones con su hermana Neftis, esposa de Seth. De estas relaciones entre Osiris y Neftis, nació Anubis, a quien cuidó, y que se convirtió en su nuevo acompañante en la búsqueda del Rey asesinado.





Así, Isis llegó a Byblos. Allí se topó con las doncellas de Astarté a quienes peinó y perfumó. Fue tal la belleza y la fragancia que desprendían, que Astarté llamó a palacio a Isis, sin saber que era una diosa. Le ofreció cuidar de su hijo, enfermo y al borde de la muerte. Con el tiempo, Isis lo convirtió en un hombre fuerte y poderoso y creyó necesario hacerlo inmortal. Cada noche lo arrojaba al fuego para quemar sus partes mortales. Pero, una noche, Astarté la vió arrojar a su hijo al fuego y se encolerizó. En ese instante, Isis adoptó su verdadera forma divina, y Astarté dándose cuenta del gran error cometido, la colmó de regalos. Isis sólo le pidió uno: el cofre, que hasta Byblos le habían informado que había llegado.




A su llegada a Egipto, Isis escondió el cofre en los pantanos del Delta. Sin embargo, Seth, que andaba cazando jabalíes, lo descubrió, y abriéndolo, descubrió dentro el cuerpo de Osiris. Encolerizado, Seth mandó cortar en 14 pedazos el cuerpo de Osiris, esparciéndolos por el Nilo para que sirviera de alimento a los cocodrilos. Mas éstos, en reverencia al dios y su esposa Isis, no osaron tocar sus restos.






Isis, acompañada esta vez por 7 escorpiones y por la propia Neftis, recorrió nuevamente el Nilo en busca de los pedazos de Osiris. Trozo a trozo, Isis fue recuperando todos los pedazos y enterrándolos en sitios sagrados… pero le faltó el miembro viril, que había sido devorado por el lepidoto, el pagro y el oxirrinco, especies que quedaron malditas a partir de ese momento. isis reconstruyó el cuerpo, y para el miembro perdido, usó su magia, y lo consagró. Anubis embalsamó el cuerpo, convirtiéndose en la primera momia de Egipto, pero Isis la escondió…





Hasta hoy, nadie, nunca jamás, ha sabido decir dónde está la momia de Osiris…