viernes, 16 de octubre de 2009

La piel del venao


Los mayas cuentan que hubo una época en la cual la piel del venado era distinta a como hoy la conocemos. En ese tiempo, tenía un color muy claro, por eso el venado podía verse con mucha facilidad desde cualquier parte del monte. Gracias a ello, era presa fácil para los cazadores, quienes apreciaban mucho el sabor de su carne y la resistencia de su piel, que usaban en la construcción de escudos para los guerreros. Por esas razones, el venado era muy perseguido y estuvo a punto de desaparecer de El Mayab.


Pero un día, un pequeño venado bebía agua cuando escuchó voces extrañas; al voltear vio que era un grupo de cazadores que disparaban sus flechas contra él. Muy asustado, el cervatillo corrió tan veloz como se lo permitían sus patas, pero sus perseguidores casi lo atrapaban. Justo cuando una flecha iba a herirlo, resbaló y cayó dentro de una cueva oculta por matorrales.



En esta cueva vivían tres genios buenos, quienes escucharon al venado quejarse, ya que se había lastimado una pata al caer. Compadecidos por el sufrimiento del animal, los genios aliviaron sus heridas y le permitieron esconderse unos días. El cervatillo estaba muy agradecido y no se cansaba de lamer las manos de sus protectores, así que los genios le tomaron cariño.

En unos días, el animal sanó y ya podía irse de la cueva. Se despidió de los tres genios, pero antes de que se fuera, uno de ellos le dijo:

—¡Espera! No te vayas aún; queremos concederte un don, pídenos lo que más desees.

El cervatillo lo pensó un rato y después les dijo con seriedad:

—Lo que más deseo es que los venados estemos protegidos de los hombres, ¿ustedes pueden ayudarme?

—Claro que sí —aseguraron los genios. Luego, lo acompañaron fuera de la cueva. Entonces uno de los genios tomó un poco de tierra y la echó sobre la piel del venado, al mismo tiempo que otro de ellos le pidió al sol que sus rayos cambiaran de color al animal. Poco a poco, la piel del cervatillo dejó de ser clara y se llenó de manchas, hasta que tuvo el mismo tono que la tierra que cubre el suelo de El Mayab. En ese momento, el tercer genio dijo:

—A partir de hoy, la piel de los venados tendrá el color de nuestra tierra y con ella será confundida. Así los venados se ocultarán de los cazadores, pero si un día están en peligro, podrán entrar a lo más profundo de las cuevas, allí nadie los encontrará.

El cervatillo agradeció a los genios el favor que le hicieron y corrió a darles la noticia a sus compañeros. Desde ese día, la piel del venado representa a El Mayab: su color es el de la tierra y las manchas que la cubren son como la entrada de las cuevas. Todavía hoy, los venados sienten gratitud hacia los genios, pues por el don que les dieron muchos de ellos lograron escapar de los cazadores y todavía habitan la tierra de los mayas.
 

miércoles, 14 de octubre de 2009

El mito de la via lactea



Se cree que fue Hera, la esposa de Zeus el dios de dioses, la que dio origen a la Vía Láctea, nuestra galaxia.



Zeus era muy aventurero y le gustaba mucho tener diferentes mujeres, por lo que nunca le guardó fidelidad a su mujer. En una de estas aventuras, Zeus se unió con Alcmena en ausencia de su marido. El dios se hizo pasar por el ausente, y como la mujer le gustaba mucho decidió estar con ella en una noche que durara mucho, por lo que por orden de él, el sol no salió cuando tenía que haberlo hecho.


Después el esposo de Alcmena, Anfitrión, regresó y se unió a ella. De ambas uniones Alcmena quedó embarazada. El hijo de Zeus fue Heracles (Hercules en la tradición latina) y el hijo de Anfitrión fue Ificles.


Heracles fue desde su concepción, el favorito de Zeus a lo cual Hera respondió con ira y celos, pues no soportaba la idea de que el hijo de otra mujer fuera tan querido para su divino esposo.


Así, la diosa decidió complicar el nacimineto de Heracles quien se quedó 10 meses dentro del vientre de su madre. Y además ella es la responsable de que el héroe tuviera que sufrir los Doce Trabajos y cuando era un bebé de ocho meses, Hera le envió dos terribles serpientes para asesinarlo, sin embrago el niño supo defenderse sin problemas.


Ahora bien, existía la condición de que Heracles sólo sería inmortal si mamaba de Hera y esto no iba a ocurrir con el consentimiento de la diosa.




Sobre esta historia existen dos versiones. Primero, se cree que Hermes, el mensajero de los dioses, llevó al niño a donde Hera mientras ella dormía y lo puso en su seno para que mamara la leche divina. Cuando Hera se despertó y descubrió a Heracles en su pecho lo retiró brucamente y la leche siguió manando, se esparció por el universo y formó la Vía Láctea.


La otra versión indica que Hera iba con Atenea paseando por el campo cuando vieron al niño descansando en la hierba. Atenea convenció a la diosa de que lo amamantara, pues era muy hermoso. Hera accedió, pero pronto Heracles chupó la leche con tal violencia que hirió a la diosa. Hera lo apartó de su seno vigorosamente y la leche siguió fluyendo hasta que formó la Vía Láctea.

martes, 13 de octubre de 2009

La leyenda de persefone



Perséfone, en la mitología griega, era la hija de Zeus, padre de los Dioses, y Deméter, diosa de la fecundidad, de la tierra y la agricultura, símbolo de esa fecundidad que ella llevaba consigo. Vivía en un bosque lejano, en cuyos lindes se abría la espesura, rodeada de otras ninfas como ella, hijas de dioses o de dios y mortal. Con ellas jugaba y se crió, siempre bajo la vigilancia de su madre, que era toda ternura con su pequeña hija.



Nuestra Perséfone creció feliz entre juegos, risas, cantos y bailes. Pero no todo podía ser hermoso (¿qué historia no tiene mezcla de risas y lágrimas?) y resultó que un día en que Hades, señor de los infiernos, se encontraba paseando por los límites de sus terrenos, se acercó demasiado a esa espesura en la que acababa el bosque, hogar de Perséfone. La vio, teniendo todo lo que él no tenía, esa gracia, esa vitalidad... y se enamoró, insistiendo en casarse con ella. En este punto, las historias se mezclan, hay quien dice que Zeus, el padre, no queriendo tener problemas con el amo de los infiernos, dio su consentimiento a la boda, sin dejarse ablandar por las súplicas de Deméter o las lágrimas de su hija. Otros cuentan que fue el propio Hades el que acabó urdiendo un plan por el que su amada bajaría a su reino, ya que él no podía abandonarlo. Y fue así que encantó una de esas flores que tanto le gustaban a la protagonista de nuestra historia, así que cuando ella se acercó un día que recogía flores para hacer una diadema, la flor encantada la engulló haciéndola descender al hogar de Hades.




Fueron días muy duros para Perséfone, que vio desaparecer todo aquello que amaba: las flores, el verdor del césped, las gotas de rocío con las que lavaba su cara al salir el sol... Al principio se mostró reticente incluso a entablar ninguna conversación con Hades, y se escondió en su mundo de recuerdos, pero según pasaban los días el enfado y la negación dieron paso a una resignación triste.

Hades había ya dispuesto todo para su boda, y llegado el día, Perséfone, ya sin lágrimas por todo lo que había llorado, dio el "sí, quiero", a su raptor. Algunos dicen que debería haber aguantado más... pero a veces la desesperanza es el peor de nuestros enemigos.

Mientras tanto, Deméter buscaba a su hija desesperadamente. Durante 9 días y 9 noches recorrió cada rincón de la tierra buscándola, hasta que el décimo día, el Sol, que todo lo ve, decidió contarle lo que había visto, la joven recogiendo flores y la tierra engulléndola. Deméter enfureció y dejó la tierra, que sin su presencia se quedó estéril y vacía, nada crecía ya en ella. Marchó a hablar con Zeus para que le exigiese a Hades que devolviera a la muchacha. Pero cuando Zeus iba a tomar cartas en el asunto era demasiado tarde y ya Perséfone se había casado con Hades, comiendo perlas de una granada en el pequeño banquete que hubo tras la boda, sin saber que la granada es la fruta del inframundo, que la retendría allí para siempre.



Pero todo esto no arredró a Deméter, que acabó bajando por su propio pie al mismo Infierno, tras cruzar la laguna Estigia, y sin temer al perro Cancerbero, fiel seguidor de Hades y guardián de las puertas infernales. Y allí, frente a frente con Hades, repitió su intención de recuperar a su hija y de permanecer en el infierno hasta que ella regresara a la tierra con ella.

Viendo Zeus que la tierra agonizaba sin Deméter en ella, que las flores se negaban a crecer, los pastos amarilleaban y hasta los animales dejaban de tener crías, se puso esta vez de parte de Deméter, y así acabaron llegando a un acuerdo con Hades. Perséfone pasaría medio año con él en el mundo de los muertos, y el otro medio con su madre, bajo el sol, y esta solución intermedia fue la que finalmente aceptaron todos, llegando Perséfone a reinar junto a Hades (y se cuenta que a interceder por los vivos en más de una ocasión) la mitad del año en que vivían juntos.



Es por esto por lo que la mitad del año, todo florece y llega la primavera, personificada en Perséfone, y la otra mitad, aquella en que vuelve al hogar de Hades, llega el frío, las lluvias y las nieves, ya que ella ha marchado y su madre la extraña y llora, regando los campos con nieve y hielo. Y así es como nosotros, los humanos, tan lejos de dioses, diosas y héroes, acabamos recibiendo las consecuencias de sus actos, siendo esta vez la secuencia de estaciones lo que nos llega de toda esta historia.



Lo esencial es invisible para los ojos



ENTONCES apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vío nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -díjo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "
-¿Crear lazos?




-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.




Y después volviendo a su idea:

-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sól. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!




-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.

-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.

-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando eI día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.




Y luego añadió:

-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse.

Porque es mi rosa, en fin.




Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple :
Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo

domingo, 11 de octubre de 2009

Ailin y el hada




Las hadas viven en nuestro corazón y de ahí nunca se marcharán. Para los que no creen en las hadas, hoy les cuento esta historia, que ha ido pasando de generación en generación en mi familia hasta llegar a mí.


Mi abuela me contó, que le contó su abuela, que hace muchos años había una hermosa joven de cabello oscuro y largo, sonrisa radiante, manos suaves, ojos negros y grandes y su tez era morena, la hacían una de las muchachas más bonitas del pueblo.
Como todos los días, ésta iba a recoger flores a la llanura que estaba cerca de su pueblo, pero ese día no iba como siempre, no iba cantando y las lágrimas que salían de sus ojos bañaban su rostro de tristeza.
La muchacha, Ailín se llamaba, estuvo varios días que no hacía sino llorar, y en la llanura se sentaba en las raíces de n árbol para desahogarse y que nadie escuchara su pena.



Un día estaba sentada en la sombra de aquel flamante árbol y vio pasar algo
volando delante de ella y pensando que era una hoja no le dio mayor importancia. Al rato un hada, pequeña pero linda, se le acercó y le dijo:
- ¿Por qué lloras, Ailín?
- A pesar de ser tan hermosa y de tener muchos pretendientes, aún no sé lo que es amar, y mi corazón siente que solo late por seguir viviendo y no por que alguien lo haga latir para tener dos latidos en un mismo cuerpo.
- Ailín, eres muy joven para conocer el sentido del amor, pero pronto te llegará y volverás a sonreír como antes lo hacías, volverás a entonar las dulces y tiernas canciones que desprendían tus labios, y te sentirás flotando y pensarás que vuelas pero es el amor lo que hace que te sientas así.
- Tú, siendo tan chiquita, ¿Cómo puedes conocer todo eso sobre el amor?
- Porque aunque me veas pequeña, yo ya tengo mis años. No me puedo quedar más, tengo que irme, pero piensa que muy pronto estarás preparada para conocer el amor.
El hada desapareció. Aún con las palabras del hada Ailín se sentía desgraciada, y no quería seguir viviendo, quería sentir lo más rápido posible lo que era el amor y que nunca la abandonara.
Varios meses transcurrieron así. Ailín no era la de antes, ya no se cuidaba el cabello, y ya no se veía tan hermosa como antes, pero lo que más apenaba a la gente del pueblo era que sus ojos desprendían tristeza y se ponía a llorar en cada rincón que pudiera.





El hada se le aparecía todas las noches para darle consejos, pero aun así Ailín no recuperaba la sonrisa.
- ¿Cómo me sigues diciendo que mi amor va a llegar? Han pasado varios meses y aun no ha pasado nada, mi corazón cada día esta mas débil y no sé cómo combatir eso.
- Ailín, la paciencia es una virtud que todos debemos aprender, y tú eres una de las personas más dulces, bellas, tiernas y amables que he conocido a lo largo de mi vida, pero aún así te falta algo importante, saber aprender, saber vivir, y sobretodo tener paciencia.
- No puedo tener paciencia cuando veo que mi rostro se marchita y mi belleza queda en el olvido.
- No debes fijarte en la belleza del exterior, fíjate en la belleza del interior que es la importante. Puedes ser un demonio con cara de ángel, o puedes ser un ángel con cara de demonio, pero lo que tienes en el corazón
nadie te lo podrá quitar jamás.
Dicho esto el hada se marchó una noche más, dejando a Ailín sola con su pena.
Al escuchar las últimas palabras del hada que la acompañaba cada noche, se dio cuenta de que era muy hermosa, y que si su belleza quedaba en el olvido era porque ella quería. Se levantó y se puso lo más hermosa que pudo, se peinó el cabello, y volvió a esbozar una sonrisa, salió de su casa para dar un paseo con la luz de la luna por testigo de que ella había vuelto, y de que pronto sentiría el amor.
El hada la vio salir de la casa y la siguió. No sabía a dónde se dirigía, pero se pensó lo peor, y no quería que a Ailín le pasara nada malo, pues se había encariñado mucho con ella, y le tenía mucho afecto.





Ailín, se dirigió a la llanura, y se sentó donde se solía sentar a llorar, pero esta vez no lloró, entonó una canción y su voz llegó hasta los oídos de la gente del pueblo, que hipnotizados por la dulzura de la voz se quedaron despiertos a oír ese dulce cantar.
Después de largo rato cantando se sintió mejor, y se disponía a volver a su casa, pero alguien habló de detrás de unos matorrales.
- No te vayas por favor, sigue cantando.
- ¿Quién eres? - Dijo Ailín acercándose al matorral.
- No te acerques por favor, no querrás verme, yo solo quiero que sigas cantando, tu voz es tan dulce que no quiero parar de escucharla ¿Podrías cantar otra canción para mi?
Ailín estaba intrigada, pero aceptó la petición. Cantó otra canción, y cuando terminó, quiso mirar detrás de del arbusto, pero allí no había nadie.
Todas las noches iba para la llanura a cantar una canción, y siempre detrás del arbusto le decían que cantara otra y ella aceptaba.
Un día, decidió hablar con esa persona que estaba detrás del arbusto y, cuando le pidió otra canción, ella dijo.
- ¿Cómo te llamas?
- Steven.
- Steven, ¿Por qué nunca dejas que te vea?
- Te asustarías de mi rostro.
- ¿Por qué debo asustarme?
- Tuve un accidente, mi casa se incendió y ahora tengo el rostro desfigurado, pero no quiero hablar de ello, me gustaría que cantaras otra canción.
- Steven, todas las noche vengo aquí con la fe de poder verte, y ahora que me has dicho los motivos de el por qué no quieres que te vea, más ganas me dan de verte. No me asustaré, sólo quiero poder darte un beso, puesto que eres el único chico con el que he estado tanto tiempo, y siento que mi corazón late junto con el tuyo. No podría irme de aquí sin poder verte,aunque solo sea una vez, aunque después no quieras que te vea más.
Steven se quedó pensativo. No sabía qué hacer. Él la había amado desde el momento en que la vio, pero su rostro, incluso él cuando se miraba en un espejo se daba miedo, y no quería que nadie lo viera, por eso solo salía por las noches, y cuando escuchó la voz de Ailín se quedo prendado, y cuando la vio se enamoró.
Steven se fue y no dejo que Ailín lo viera, y esa noche Ailín volvió a la tristeza.





El hada volvió, y hablando con Ailín se enteró de toda la historia.
- No puedes obligar a Steven a que lo veas. Él está dolido por cómo lo ha tratado la gente desde el accidente. Debes entender su situación.
- ¿Tú lo conoces?
- Ailín, sí, lo conozco, y con él he hablado de ti, como voy a hacer ahora
contigo.
El hada le contó todo lo que sabía de Steven a Ailín, pero no le dijo como podía encontrarlo, puesto que había sido petición de Steven que no se lo dijera y ella se sentía en la obligación de no decírselo.
- Ya entiendo el amor, sé lo que se siente, y aunque sea correspondida no puedo sentirme del todo completa porque no puedo tener la persona que amo a mi lado.
- Ailín, tiempo al tiempo, aunque si quieres besarlo, sé una manera de que lo puedas besar sin que lo veas.
A la noche siguiente Ailín se puso a cantar como todas las noches, y Steven apareció. Ailín le contó lo que le había dicho el hada, y Steven aceptó, puesto que no había nada de malo en ello.
Ailín se tapó los ojos con un pañuelo que había traído.
- Ya puedes salir.
- ¿Seguro que no ves nada?
- Estoy segura, como no vengas me voy a caer.
Steven salió de entre las sombras y su rostro se iluminó por la luna, a pesar de las quemaduras en su rostro se veía que era un muchacho hermoso.
Abrazó a Ailín, y ésta se dejo llevar. Había prometido no quitarse la venda, y lo agarró de la mano. Se dieron un largo y tendido beso, y cuando terminaron, Steven le dijo:
- ¿Por qué te has enamorado de mí? No me has visto, nunca nos hemos tocado pero aun así siento que tu corazón late al compás del mío.
- Steven, un hada me dijo una vez que no importa la belleza exterior, si no la interior. No me hace falta verte para saber que eres una persona hermosa por dentro y, si para poder besarte, tengo que hacer esto todas las noches lo hago, porque mi amor es tan grande que ve mas allá de las vendas que tienen la mayoría de la gente en los ojos. Yo veo en tu interior y sé que eres hermoso.
- Ailín, puedes quitarte la venda, puedes verme si quieres.
- Dicho esto, Ailín se quito la venda, pero no se asustó, tuvo una radiante sonrisa en los labios y lo miró a los ojos.
- Eres muy hermoso, no quiero separarme de ti nunca.
Poco después Ailín y Steven se casaron, la gente del pueblo se sintió avergonzada por cómo habían tratado a Steven y comprendieron que la belleza está en el interior.


Ruth Basto Trujillo

viernes, 9 de octubre de 2009

La leyenda del hada de fuego



Hace mucho tiempo, cuando ni el sol ni la luna se habían creado
y del cielo no colgaban todavía las estrellas, el mundo estaba sumido en la más absoluta oscuridad. Por aquel entonces sólo vivían en nuestro planeta seres mitológicos como los elfos, ogros, enanos, etc. Para ver utilizaban antorchas y los árboles estaban desnudos, sin hojas ni flores que adornasen sus largas ramas,

que se alzaban hacia el cielo, como si buscasen la luz para poder ser más que unos simples troncos que no daban señales de vida. Era pues, un planeta triste y silencioso.
Cierta vez, el dios que reinaba sobre los elementos, se enamoró de un hada de extraordinaria belleza. Cuando su amor se vio correspondido, se casaron, a pesar de que estaba muy mal visto entre seres de distinta raza. Ellos eran felices, pues se tenían el uno al otro, pero el hada deseaba ser madre y se empezó a sentir muy desdichada, porque sabía que era imposible. Todo esto lo supo una ninfa amiga suya y le propuso un trato: podría tener hijos, pero todos pertenecerían a la raza de las ninfas. El hada aceptó, pues su deseo de ser madre podía con cualquier impedimento.
Pasó el tiempo y el hada quedó encinta. Luego llegó la hora del parto. Primero nació una ninfa que tenía el don de la belleza y que representaría el elemento del agua. Luego otra que sería muy inteligente y que representaría la tierra. Poco después, nació la ninfa del aire, la más ágil y rápida. Y por último una que sería la más bondadosa, cuyo elemento era el fuego.




Las cuatro ninfas de los elementos fueron criadas por sus padres y tuvieron una infancia muy feliz. Cuando se hicieron mayores, su madre las envió para que convivieran con el elemento de cada una y éstas partieron a los pocos días.
Un año después, las cuatro hermanas se encontraron. Después de multitud de abrazos y risas, decidieron contar cada una su experiencia.
Habló primero el agua, la primera en nacer: - Yo he visto manantiales y cataratas. He visto el rocío de la mañana y la fresca lluvia. Me encanta el elemento que represento.
- Pues yo -dijo la tierra, que era la siguiente- he visto grandes montañas. He entrado en bellas cuevas y me he tumbado en la fina arena de la playa. Mi elemento es hermoso.
- Yo, como ninfa del aire -dijo la siguiente- he oído ulular al viento y lo he sentido acariciando mi piel. Ha jugado con mis cabellos, ¿no es maravilloso?.
Las tres ninfas, que ya habían acabado su relato, callaron, esperando oír la historia de su hermana. Como no decía nada, le preguntaron: -¿Y tú qué has visto?, ¿cómo es el fuego? Ésta aguantó las lágrimas, horrorizada de la experiencia que había vivido. Pero decidió compartir su congoja con sus hermanas.
- ¡Ha sido horrible! He visto monstruosos rayos que rompían en el cielo y que hacían temblar todo con su sonido. He visto a las llamas quemar los bosques y casas, destruyendo todo a su paso y matando a mucha gente. Lo he pasado muy mal. Odio el fuego, ¡lo odio!
Sus hermanas, que eran crueles y no sentían compasión le, respondieron: - Eres pues, un ser malvado. No te queremos con nosotras y nadie querrá estar contigo. Deberías irte lejos de aquí. Eres una deshonra para nuestra familia.
Al oír esto, la pobre ninfa del fuego se fue, llorando sin consuelo. Sus hermanas pensaron que moriría de dolor y, al poco tiempo, volvieron a casa. Sus padres las recibieron con gran alegría, pero echaron en falta a su hija pequeña. Cuando les preguntaron por ella, las tres ninfas mintieron y dijeron que no la habían visto. La madre decidió salir a buscarla y a todo el mundo le preguntaba por su hija perdida.
Un ser pequeño, redondo y de grandes ojos había estado presente en el encuentro de las cuatro ninfas y se lo contó todo. El hada se marchó llorando al enterarse, dando a su hija por muerta y decidió castigar a sus tres hijas. Creó las inundaciones, los terremotos y los huracanes y las ninfas se sintieron muy desgraciadas. Pero la ninfa del fuego no había muerto.

Cuando se separó de sus hermanas voló y voló hacia el cielo, como queriendo huir de aquel mundo. Y cuando no pudo más y se creyó morir, una luz inundó todo su cuerpo, una luz tan grande que alumbró la Tierra, aunque la había dejado muy, muy atrás. Y la estela que dejó mientras volaba se convirtió en lindos luceros. Así pues, se había transformado en el sol y su rastro en las estrellas. Y con su luz en los árboles brotaron hojas, frutos y flores de todos los colores y muchas plantas muy diversas. Nacieron multitud de animales y la Tierra se convirtió en un planeta hermoso. Cuando volvió a ver una tormenta se asustó un poco, pero su luz traspasó las gotas de lluvia y se deshizo en mil colores: el primer arco iris.
La ninfa del fuego no se volvió a sentir desgraciada,

pues ella, el sol, era fuente de vida y disfrutaba viendo desde allí arriba todas las cosas bellas que había creado. Su madre se sintió muy feliz, pues su hija había comprendido la importancia de su elemento, a partir del cual se obtiene todo lo demás, que le da vida a todo y que nos permite observar las maravillas de la naturaleza. Y para no perderla nunca de vista creó un gran espejo que reflejase a su hija cuando se escondía en el horizonte y le llamó Luna.
Hoy en día el sol nos inunda con su luz cuando es de día, y cuando éste se pone salen la Luna y las estrellas y todos miramos hacia arriba para contemplar tanta belleza. Y es entonces cuando nuestra amiga se siente más feliz..
(Por Buttercup)

jueves, 8 de octubre de 2009

La bruja y el caballero



El joven rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques. El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil. La pregunta era: -¿Qué quiere realmente la mujer? Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre mas sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente. A la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y al bufón de la corte... en suma, a todos, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente. Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta. El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios. Llegó el ultimo día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera.

Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria, a condición de que primero aceptara el precio. Ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda y el más íntimo amigo de Arturo. El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima; tenía un solo diente, despedía un hedor que daba náuseas y hacía ruidos obscenos. Nunca se había topado con una criatura tan repugnante. Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible. No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda. Se anunció la boda y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo: -Lo que realmente quiere la mujer es ser soberana de su propia Vida Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad que el joven rey Arturo estaría a salvo. Y así fue, al oír la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad. Pero menuda boda fue aquella... asistió la corte en pleno y nadie se sintió más desgarrado entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo. Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso mientras que la vieja bruja hizo gala de sus peores modales: engulló la comida directamente del plato, emitió ruidos y olores espantosos, reía estridentemente, se expresaba con las peores obsenidades, etcétera. Llegó la noche de bodas y cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial, aguardando a que su esposa se reuniera con él, apareció ella con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver. Gawain quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido.

La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo. -¿Cuál preferirías para el día y cuál para la noche? Qué pregunta cruel! Gawain se apresuró a hacer cálculos... ¿Querría tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches en la privacidad de su alcoba a una bruja espantosa? ¿O prefería tener de día a una bruja y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal? ¿Tú qué hubieras preferido...? ¿Qué hubieras elegido? La elección que hizo Gawain está más adelante, pero antes de leerla toma tu decisión... El noble Gawain replicó que LA DEJARÍA ELEGIR POR SÍ MISMA. Al oír esto, ella le anunció que sería una hermosa dama, de día y de noche, porque él la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.

martes, 6 de octubre de 2009

Piscis en la mitologia


Algunos dicen que estos peces son Afrodita (Venus) y su hijo Eros (Amor), quienes se transformaron en peces para escapar del monstruo Tifón. Pero también hay relación entre Piscis y las sirenas, genios marinos con rostro de mujer y cola de pez.
Estas residían en una isla del Mediterráneo cerca de Sicilia y atraían con su irresistible música a los navegantes para devorarlos.
Sin embargo, los Argonautas pasaron ilesos porque en su barco iba Orfeo, que con su música tapó la de las Sirenas, salvando así la embarcación. Por otro lado, Ulises hizo tapar los oídos de sus marinos con cera y él se hizo atar a un mástil, siendo así el primer hombre que había oído a las sirenas y pudo salir ileso.
Las sirenas simbolizan la ilusión, el engaño y el subconsciente.

Acuarios en la mitologia


Ganímedes, el Aquarius mitológico, es el más bello de los mortales.
Zeus, transformándose en águila, lo tomó en sus garras y lo subió a los cielos encargándole allí el oficio de copero del néctar de los dioses (intuición).
El águila indica transmutación e ideales. Gamínedes impuso a Zeus la exigencia de que su cántaro nunca quedara vacío y se llenara constantemente de los depósitos del Olimpo.

Capricornio en la mitologia


En la mitología es el Dios Pan, cuya madre fue Amaltea, la fabulosa cabra que amamantó a Zeus cuando era un niño.
Chronos (Saturno) engendró a Pan en Amaltea. El niño salió cubierto de pelo con cuernos de chivo, cola y cascos; su madre al verlo gritó espantada y huyó con horror.
Mercurio (Hermes) entonces llevó al infante al Olimpo para que divirtiera a los dioses y parece que Pan jugó su papel a la perfección.
Según otra leyenda, Pan, al huir del terrible gigante Tifón, se precipitó en el mar y emergió de él en parte cabra y en parte pez.
Pan tenía una gran potencia sexual y perseguía tanto a las mujeres como a los muchachos. Era brutal y, por ello, su aparición producía el miedo “pánico”.

Sagitario en la mitologia


Sagitario es una silueta mitad hombre y mitad caballo (centauro) con un arco tendido y preparado con la flecha.
También se le llama Croto, quien salió a cazar a Scorpius, al que Sagittarius apunta en el cielo con su arco. Scorpius había matado al poderoso cazador Orión, situado en el gajo de Taurus.
Croto estaba obligado a perseguir su presa en memoria de su amigo y compañero de caza caído. Era tal su motivación de cazar a Scorpius, que los dioses del Olimpo decidieron colocarle entre las estrellas para que encontrara a ese peligroso animal celeste.

Escorpio en la mitlogia


Escorpio, con las garras y el aguijón listos para la batalla, fue un siervo de Apolo y creado para destruir al concupiscente y vanidoso Orión, violador de doncellas y matador de bestias.
Los escorpiones son arácnidos nocturnos, escurridizos y muy agresivos siendo, de acuerdo a los especimenes fósiles, una de las criaturas terrestres más antiguas. Tienen en la cola un aguijón que inyecta un veneno capaz de matar a un adulto.
Cuando el escorpión se enfurece, él mismo se clava el aguijón sin quererlo y se causa la muerte a sí mismo. Scorpius era temido por Orión, pero admirado por los dioses por su fuerza, furia y grandeza.

Libra en la mitologia


La Balanza es el único símbolo inanimado de las doce constelaciones zodiacales y alude al equilibrio, la justicia y la armonía.
En la antigua Roma, Julio César la consideraba símbolo de su gobierno. Anteriormente, los griegos la relacionaron con la balanza de Mechus, el legendario inventor de las pesas y las medidas.
Libra igualmente fue vinculada a la diosa Harmonía, hija de Venus y Marte, cuyo matrimonio con Cadmos fue la ocasión para que los dioses rivalizaran en regalos de boda, que consistían en su mayor parte en joyas y vestidos magníficos.
De Atenea, Harmonía recibió un manto y de Efesto un collar hecho por él.
Desde entonces, el lujo quedó ligado inevitablemente a la constelación de Libra, del mismo modo que el buen gusto, la armonía y la concordia.

Virgo en la mitologia



La diosa Astrea es Virgo que, junto a la constelación que representa el sacrificio de la reina Berenice (como Berenices o la Cabellera de Berenice), da las mejores cualidades al signo. Astrea o Iustitia, hija de Zeus y Temis, vivió entre los mortales durante la segunda regencia de Chronos (Saturno). Viendo que la maldad se extendía entre los hombres, se retiró del mundo junto a su hermana el Pudor y se convirtió en constelación con el nombre de Virgo.

Leo en la mitologia


La primera de las tareas hercúleas (sugeridas por Juno) pertenece a la zona de Leo; en ella, habita el gran León de Nemea, el cual fue abandonado en ese lugar por Selene, la diosa de la Luna. Solo y amargado por su destino, el león llamado Leo empezó a asolar la comarca, lo cual podía hacer fácilmente, ya que su piel era impenetrable a cualquier arma.
Como rey de los dominios, temido y honrado por todos, el león de Nemea vivía como sus instintos le dictaban, alimentándose de hombres y animales hasta que se presentó Hércules dispuesto a darle muerte.
Primero, el joven héroe le disparó sus flechas, pero éstas rebotaban como pajas; luego empuñó su espada de hierro pero, al golpear al león con ella, ésta se partió en dos; aún la colosal maza de Hércules se rasgó cuando alcanzó a rozar el hocico del animal.
Lleno de valor, el forzudo Hércules cayó sobre su presa y, con la fuerza de sus potentes brazos, asfixió a la fiera hasta matarla. Luego, quitándole la piel al león con las garras de éste como cuchillo, Hércules se cubrió los hombros con dicho trofeo y volvió triunfante a su amo.
La muerte de Leo, (el león de Nemea) era algo inevitable, puesto que Hércules estaba destinado a cumplir con todos los trabajos que le habían impuesto. No obstante, Zeus o, quizás Juno, en reconocimiento al obvio mérito de Leo, le puso entre las estrellas.
Régulus es una de las cuatro estrellas regias, llamada el Corazón del León, la cual se encuentra en la constelación de Leo.

Cancer en la mitologia


El heroico Hércules fue otro de los hijos de Zeus, nacido ilegítimamente de una madre mortal. Juno (o Hera), esposa de Zeus, celosa de esa divina infidelidad, decidió vengarse en el retoño. Por ello, invocó varios castigos terribles en contra del joven héroe, incluyendo el de la locura; finalmente, le entregó como esclavo a un rey griego, quien le impuso doce trabajos (hercúleos); después de cumplirlos sin fallar ninguno, lo dejaría en libertad.
El segundo trabajo era el de matar a la Hidra de Lerna, una espantosa criatura de los pantanos cuyo aliento es venenoso, de cuerpo enorme y ocho cabezas de serpiente. Si es cortada la cabeza del centro, inmediatamente vuelve a crecer de doble tamaño.
Hera, contemplando el encuentro de Hércules con Hidra, decidió intervenir en favor del monstruo y envió un cangrejo gigantesco para que distrajera al héroe, atacándolo con sus tenazas.
Cáncer, el Cangrejo, fue así centinela de la Hidra y una criatura de los dioses. Juno le recompensó por su acción, dándole un lugar entre las estrellas cerca de la víctima de otro de los trabajos de Hércules, el León.

Geminis en la mitologia


Hubo una hermosa reina llamada Leda que estaba casada con Tíndaro rey de Esparta, una noche, el libidinoso Zeus descendió sobre la reina en forma de un cisne gigantesco y, de esa unión, salieron dos huevos, uno de los cuales contenía a Clitemnestra y a Helena y el otro a Cástor y Polideuco (Pólux).
Tíndaro estaba furioso por la divina seducción de su esposa y no pudo apaciguarse hasta que supo que Cástor y Clitemnestra eran en realidad su propia progenie, puesto que él había fecundado a Leda el mismo día que ésta había sido visitada por el cisne olímpico.
Los jóvenes fueron inseparables mientras que, las hermanas, siguieron por diferentes caminos. Cástor domaba caballos mientras que Pólux enseñaba el arte del boxeo, siendo uno pacífico y el otro agresivo.
Aquí vemos la naturaleza dual de los Gemelos. Ambos intervinieron en varias peligrosas aventuras y, en una de ellas, Cástor, el mortal, perdió la vida.
A Pólux le apesadumbró tanto la muerte de su hermano que su padre, Zeus, hizo que los Gemelos quedaran juntos en el cielo como la constelación de Geminis

Tauro en la mitologia



Según la mitología, un día estaban Europa y sus compañeras de juegos en la playa de Tiro cuando ella vio a un toro de color blanco, inmaculado y de cuernos como gemas, que estaba pastando cerca.Atraída por su aparente mansedumbre y hermosura, Europa se montó en el lomo del toro y empezó a tejer guirnaldas de flores alrededor de sus cuernos.
De repente, se vio arrebatada por encima del mar, todavía en los lomos del toro; luego fue llevada a Creta, donde se convirtió en madre de reyes y le dio el nombre a un continente. Terminada su aventura, Zeus colocó al toro llamado Taurus entre las estrellas, donde intervino en la vida de un grupo de hermanas perseguidas por el ardiente cazador Orión.
Estas hermanas eran las Pléyades, hijas de Atlas. Temerosas de la pasión de Orión, ellas le rogaron a Zeus que intercediera en su favor y éste, accediendo, las transformó en estrellas y las puso en sitio seguro, colocándolas en el cielo como un racimo en el lomo de Taurus.
Cinco de las hermanas de las Pléyades, llamadas Híades, fueron transformadas de una forma semejante, no por causa de Orión, sino debido a su tremenda pena por la muerte de su hermano Hías.
Y cuenta la leyenda que estas Híades siguen llorando todavía y, cuando lo hacen, llueve en algún lugar de la Tierra.

Aries segun la mitologia


Hubo una vez una reina ambiciosa, llamada Ino, que no quería a los hijos de su esposo; eran Frixo, un hermoso doncel y su hermana Hele. Por medio de engaños la reina se encargó de convencer a su marido de que los niños debían ser sacrificados vivos a Zeus. En el momento crítico en que esto iba a suceder, Crisómalo arribó repentinamente desde el Olimpo, se echó a los niños al lomo y voló con ellos rumbo a la seguridad por encima del mar. Frixo se aferró a las cabelleras de oro del carnero, pero Hele perdió el equilibrio y cayó al agua en un lugar que lleva el nombre de Helesponto. Frixo llegó a las costas de la Cólquida en el Mar Negro. Ahí, en honor de su vuelo milagroso, sacrificó a Zeus el carnero de oro. Su valiosísima piel fue colgada como un tesoro en un bosque sagrado, guardada por un dragón; hasta que muchos años después, los intrépidos argonautas, conducidos por Jason, lograron robársela.El vellocino de oro representa un tesoro mágico casi imposible de obtener.